Turistas en el espacio (y basura en la Tierra)


El pasado domingo 19 de septiembre, el programa “30 minuts” de la televisión catalana TV3 emitió un documentario con título Turistes de l’espai (Turistas del espacio), que abordaba un tema que ya había comentado en el post/artículo Lluvia de cohetes.

Fragmentos de un cohete en el lago Vasilevskoi.

Fragmentos de un cohete en el lago Vasilevskoi.

Como ya comenté hace un año, el 70% de todos los lanzamientos de vehículos dirigidos al espacio salen del cosmódromo de Baikonur (Kazajistán), el puerto espacial más antiguo del planeta pero aún actvo gracias a la gestión de la agencia espacial rusa Roscosmos.

Para poder ganar la fuerza de gravedad terrestre y entrar en la órbita establecida, los cohetes que llevan dichas naves al espacio son cargados de unos propulsores – o etapas del cohete – llenos de carburante (altamente inflamable y dañino para la salud humana). Sin embargo, una vez han ayudado las nave a alcanzar los estratos más altos de la atmósfera, los propulsores de los cohetes se convierten en herraje espacial inútil que baja a la Tierra en caída libre, arrojando desechos y combustibles contaminantes.

Tanque de combustible caído en una zona de taiga de la República de Altái,. Foto: Alexander Panichev

Tanque de combustible caído en una zona de taiga de la República de Altái. Foto: Alexander Panichev

Tal como cuenta la página web del mismo programa televisivo, “dos décadas después del colapso de la Unión Soviètica, “30 minuts” ofrece una mirada lacónica, irónica, de la nueva funte de ingresos que todavía hacen posible las misiones espaciales rusas: la de los multimilionarios que deciden salir al espacio exterior en búsqueda de una aventura y de una inspiración filosófica“.

Hombre paseando junto a los restos de un cohete en un pueblecito del Altái. Foto: Jonas Bendiksen

Hombre paseando junto a los restos de un cohete en un pueblecito del Altái. Foto: Jonas Bendiksen

Asimismo, el documental enseña las dos caras de una misma medalla: por un lado el entusiasmo de una rica empresaria estadounidense, la primera turista espacial de la historia, que gastó algo como 20 millones de dolares para vivir la emoción de la “gravedad cero” en la ISS; por el otro, la historia surreal de los cazadores de cohetes, los chatarreros del siglo XXI (tal como los definí en mi artíulo de Público) que esperan ansiosos la caída de las etapas que la han llevado al espacio, con el obetivo de vender los componentes métalicos del cohete en los mercados de piezas usadas.

Chatarrero desguazando los restos de un cohete mientras anochece. Foto: Jonas Bendiksen

Chatarrero desguazando los restos de un cohete mientras anochece. Foto: Jonas Bendiksen

Además, la voz e imagen del fotógrafo noruego Jonas Bendiksen de la Agencia Magnum acompaña la descripción de aquellos lugares que él mismo “contó” en el fantástico libro Satellites.

Recomiendo vivamente este capítulo de “30 minuts” a todos, incluso a los que no estan acostumbrado a escuchar el catalán, pues Turistes de l’espai es un documental con un corte muy divulgativo. Para verlo clicar aquí.

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